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Cultura Financiera en la Biblia

Por el Dr. Andrés G. Panasiuk
Fundador, El Instituto para la Cultura Financiera

1.- ¿Existe alguna diferencia entre los latinos y los europeos, africanos,
asiáticos y norteamericanos en el manejo de las finanzas?

Cuando hablamos del manejo del dinero, la diferencia no está dada por el lugar geográfico en el que la gente vive, sino por el trasfondo cultural, los valores y principios que la persona tiene. Entonces, si bien es cierto que la cultura puritana de EEUU, protestante de Europa del norte, o la parte de Asia que está profundamente influenciada por el Confucianismo tienen ciertas tendencias a manejar el dinero en forma más ordenada, en el fondo de la cuestión, en cada uno de esos países hay mucha gente que maneja sus finanzas muy bien y muchísimos que la manejan mal.
La diferencia se debe hacer a nivel individual, basados en los principios y valores del individuo. Por ejemplo, el escritor Mariano Grondona identifica 10 características que tienen las sociedades que tienden o que no tienen las que resisten la prosperidad. Ellas son:

a. Enfoque en el tiempo.
b. Actitud hacia el trabajo.
c. Hábitos de modestia (ahorros).
d. Actitud hacia la educación.
e. Reconocimiento al mérito.
f. Sentimiento de comunidad.
g. Etica.
h. Justicia.
i. Manejo de la autoridad.
j. Separación iglesia/estado –aceptación religiosa.

Estas naciones están en cada continente. La diferencia en el asunto de manejar exitosamente nuestras finanzas está más en el área del “ser” que en el área del “hacer”.
Esto es lo que traté de explicar en mi libro “Cómo llego a fin de mes”: que la diferencia no está dada por la situación económico-social que me toca vivir. La diferencia la hace mi actitud frente a la vida y mi maduréz personal y espiritual al momento de tomar decisiones económicas.
Por ejemplo, cuando nosotros estamos siendo dirigidos por el Espíritu Santo, nos convertimos en personas ordenadas. Antes, en el mundo, los latinos eramos desordenados, vivíamos la vida “al día”. Pero ahora que tenemos al Dios que creó al órden en la naturaleza viviendo en nuestros corazones, nosotros también podemos imitar a nuestro Padre y ser ordenados en el gasto del dinero.
Antes, éramos impacientes –queríamos las cosas ya mismo. Pero ahora que tenemos al Espíritu Santo en nuestra vida, tenemos el fruto del Espiritu que, es, justamente, ¡paciencia y dominio propio!
El problema del desorden, de la impaciencia y de la falta de dominio propio entre los creyentes no es una cuestión cultural. Es una cuestión de crecimiento y maduréz espiritual.
Entonces, las diferencias no son geográficas, sino filosóficas y espirituales.

2.- ¿Cuáles son las expectativas mundiales en el aspecto financiero?

Esa es una pregunta para alguien que sabe mucho más que yo en el área de la economía global ¡y que puede escribir mucho más de lo que podemos publicar en esta revista!
Sin embargo, desde el punto de vista del consumidor –que es nuestra área de experiencia-, creo que estamos yendo a una economía aún más globalizada, en la que las leyes gubernamentales y los principios de defensa del consumidor se van deteriorando. Estamos siendo orientados hacia un alto nivel de sofisticación en la forma en la que se anima al consumismo y embebidos en lo que me gusta llamar la “Pax Americana” –un período de estabilidad mundial producido por el asentamiento en el poder de la única superpotencia sobreviviente de la “guerra fría”.
Si bien el Euro y el Yen tienen sus altos y sus bajos, no debemos perder de vista que el 5% de la población del mundo (los norteamericanos), producen el 30% de los bienes y servicios del planeta. El producto bruto interno anual de los Estados Unidos, que ya alcanza los 10 billones y medio (10.5 trillion, en inglés), es casi tan grande como el de las siguientes 5 economías… ¡juntas!; y el gasto en armamentos por parte de los norteamericanos es igual al de los 26 países siguientes… ¡combiandos!
Un mercado que debemos mirar con atención, sin embargo, es el mercado asiático –especialmente el de la China. En el Asia vive casi la mitad de la población del mundo.
La tecnología y la rapidéz con la que harán los cálculos las computadoras en los próximos años –algunas acercándose a la cantidad de cálculos que hace el cerebro humano- nos traerán nuevas experiencias audiovisuales al seno de nuestro hogar –y, con ello, comerciales aún más sofisticados para hacernos comprar cosas que no necesitamos, con dinero que no tenemos, para impresionar a gente que ¡ni siquiera conocemos!
Lo que me preocupa es la forma indiscriminada en la que se está exponiendo a nuestros consumidores latinoamericanos y de otros países en desarrollo (que todavía tienen un cierto nivel de inocencia financiera), a serias “enfermedades” del consumo como lo son el crédito fácil, las tarjetas de crédito, los intereses altos “escondidos” detrás de artimañas financieras y el empuje hacia un consumismo desordenado y casi loco.
Aparte de los serios problemas que nos ha traído la corrupción en nuestros países latinoamericanos, la principal razón por la cual nuestras iglesias no tienen los recursos que necesitan para hacer la Obra del Señor, tanto dentro como afuera de EEUU, es, justamente, el avance de la nueva economía de mercado y la globalización de males financieros como el de las deudas. Nos estamos desangrando económicamente en nuestras propias iglesias y los pastores ¡ni siquiera nos damos cuenta!

3.- ¿Estamos los latinos preparados para enfrentar las expectativas mundiales?

Creo que hay países bien posicionados para tomar ventaja de los mercados emergentes del mundo. Uno de ellos es Chile. Otro, Méjico. Sin embargo, como grupo social, los latinoamericanos tenemos mucho que aprender y mucho que cambiar cuando hablamos de tener principios y valores adecuados para ser exitosos en la economía del futuro.
Es por eso que debemos enseñar Mayordomía Bíblica en nuestras iglesias del continente. Debemos enseñar, por ejemplo que el deudor es esclavo del acreedor (Proverbios 22:7); que Dios es el Proveedor de todo y que debemos aprender a vivir dentro de su bendición (Proverbios 10:22); que debemos ser un pueblo que aprenda a ser felíz en el nivel social en el que se encuentre, practicando el contentamiento (1 Timoteo 6:6-8, Heb 13:5 y Filipenses 4:11-13)…
Debemos enseñar a nuestro pueblo a ser ordenados y tener control de los recursos económicos que tienen en sus manos (Proverbios 27:23,24) y que deben aprender a mirar y a planear para el futuro (Provebrios 6:6-8 y 21:5).
Este tipo de cosas no se enseñan en un sermón el domingo a la mañana, ni en un “campaña de mayordomía”. Estas ideas deben ser parte de un programa en la iglesia que apunte a un cambio cultural en nuestro pueblo. Necesitamos que cada iglesia tenga su propio Ministerio de Transformación Económica.
Si no hay un cambio cultural de fondo, yo no creo que los latinoamericanos vamos a salir exitosos en el re-arreglo del panorama financiero mundial. Nuestro mayor problema no son las coyunturas económicas ni las políticas financieras internacionales. Tampoco nuestro problema es la escasés de recursos naturales o de una mano de obra que esté dispuesta a trabajar –nuestro pueblo es muy trabajador.
Nuestro principal problema es el problema de la corrupción. Se dice que le preguntaron una vez al prémio nóbel mejicano Octavio Paz qué pensaba de la “corrupción del sistema”. A lo que Paz contestó sabiamente: “No hay corrupción en el sistema. ¡El sistema es la corrupción!”
Nuestro continente debe cambiar de adentro hacia afuera… y, lo único que puede cambiar a nuestra gente de adentro hacia afuera es la Palabra de Dios. Así que, ¡tenemos bastante trabajo por delante! Yo, en forma muy personal, estoy mirando a qué es lo que pasará en los próximos años en un país como Guatemala, por ejemplo, que ya tiene, por lo menos, un 27% de cristianos nacidos de nuevo.

4.- ¿Qué hacer con los niños para que sean buenos en el manejo del dinero en
su generación?

Permítame contarle nuestra experiencia. Lo primero que decidimos en casa es no darle a nuestros hijos “algo por nada”. Asi que decidimos no darles dinero simplemente porque eran nuestros hijos y hacer arreglos con ellos, pagandoles por hacer ciertos trabajos en la casa.
Ni bien nuestros hijos estuvieron en edad escolar, comenzamos a darles una pequeña paga para que la manejaran ellos mismos. La cantidad de dicha paga variaba según la edad del niño y su habilidad para ganarla. Pero la cantidad no era tan importante como la responsabilidad de manejar el dinero. Los padres deben fijar límites y ofrecer buenos consejos sobre cómo gastar dinero, pero los hijos deben tener libertad de elección. Si les ponemos demasiadas restricciones sólo conseguiremos reducir sus oportunidades de aprender por medio de la experiencia.
Al principio los hijos cometen muchos errores. Resista la tentación de ayudar a sus hijos cuando gastan su dinero con poca sabiduría, pues sus errores serán sus mejores maestros. Le recomendamos que desarrolle un sencillo plan de control de gastos… simple pero efectivo. Un plan hecho con tres cajas o jarros.
En una caja pone «Dinero para Gastar”, en otra, «Dinero para Ahorrar», y en la tercera, «Dinero para Dar». Cuando el niño recibe su paga la divide entre las tres cajas: algo para dar, algo para ahorrar, algo para gastar. Incluso un niño de seis años puede entender que cuando hay una caja vacía, ya no hay más dinero para gastar.
El dinero para dar, es para llevar el domingo a la iglesia, para invertir en la Obra del Señor.
El dinero para ahorrar es para proyectos especiales a largo plazo. Me acuerdo varios años atrás cuando mi hija Gabriela quería una bicicleta nueva. Hicimos un pacto: por cada peso que ella ahorrara, yo pondría otro peso encima y, asi, cuando tuviésemos lo suficiente, podríamos comprar la bicicleta. Eso le enseño de niña a planear sus inversiones a largo plazo y ahorrar para alcanzarlas.
El dinero para gastar, es un dinero del que los niños pueden dispones libremente –aunque con alguna guianza general de parte de papá y mamá. Permita que las primeras veces su hijo se gaste todo el dinero de una vez. Si usted es firme en sus principios (no darle más dinero cuando quiere darse un gusto), los niños pronto aprenden a no gastarse todo… ¡y hasta quieren ahorrarse la parte para “gastar”!
No se lo permita. El dinero para gastar tiene como finalidad el enseñarle a los niños que “el dinero está hecho para el hombre y no el hombre para el dinero”. Los niños deberían gastar, por lo menos, parte de ese dinero en forma regular para evitar que en el futuro tengan problemas con la avaricia, el amor al dinero y la acumulación de recursos sólo con el fin de acumularlos.
Otra responsabilidad importante es enseñarles a los hijos el valor del trabajo. Si un niño responde y aprende a trabajar con buena actitud, será muy apreciado en el mercado laboral. Resulta difícil encontrar buenos trabajadores hoy en día….
La mejor forma de que los niños lleguen a ser trabajadores fieles es fijar el hábito de hacer tareas diarias en el hogar. El objetivo de entrenar a los hijos en el valor del trabajo es crear carácter, pero también hay otras ventajas. Un niño que aprende a trabajar con una buena actitud es un niño mucho más feliz. Crecerá respetando más el valor del dinero y lo que cuesta ganarlo.
Pasar las verdades de Dios a la siguiente generación es como una carrera de relevos. Cualquier entrenador deportivo le dirá que muchas veces las carreras de relevos se pierden o se ganan al pasar el cetro de un corredor a otro. Es muy raro que se caiga el cetro si un jugador lo agarra con fuerza. Los padres y abuelos somos responsables de pasarles a nuestros hijos el cetro de las verdades bíblicas prácticas.
Mi oración es que nuestra generación deje a nuestros hijos y nietos el bendito legado de la fidelidad financiera.