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LOS 2 RETOS DE LAS FAMILIAS MIGRANTES

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No podemos suponer que todos los migrantes entienden a profundidad el significado de cambiar de lugar de residencia. No se trata de hacer una maleta y “volar” pretendiendo volver a empezar, sin antes calcular el precio de esa decisión. En mi caso, cuando fui trasladado por una multinacional de Colombia a Estados Unidos, junto con mi esposa Maribel, hace más de 12 años, nunca nos imaginamos que tendríamos que pasar por tanto a nivel financiero para llegar a las conclusiones que hoy comparto y posiblemente lleguen oportunamente para evitarte errores o para ayudarte a salir de ellos.

Un común denominador que he observado en los individuos y familias que emigran, es que llegan al nuevo destino pretendiendo implantar exactamente las mismas costumbres, hábitos o tradiciones de su país de procedencia, casi en estado de “negación” al momento de adaptarse a las nuevas demandas. El hecho de que hayas tenido éxito con una estrategia en un lugar X, no necesariamente lo garantiza en tu nueva dirección; por esto, los dos retos de las familias emigrantes son:

1. Despégate de lo viejo.
El pueblo de Israel se tomó mucho tiempo para llegar al nuevo territorio; dice la Biblia, que lo nuevo era un lugar de abundancia, donde fluía “leche y miel”… lástima que la generación que salió de Egipto, no haya sido la misma que entró, ¿por qué? Porque los primeros no decidieron despegarse de su “esclavitud”, siguieron deseando cebollas y no creyeron que el menú de Dios era mejor, por lo menos más dulce. Ser exitoso en tu proceso de cambio depende de qué tan ágil seas para cerrar capítulos en acción de gracias. Digamos que cada temporada es única, es necesaria, por lo tanto no compares. No solo tu entorno cambiará, el paisaje será diferente, los olores, sabores, personas, acentos; de igual forma tú necesitarás cambiar. Sí, vas a extrañar, llegarán momentos en que impulsivamente considerarás regresar, pero cuando tu fe no está puesta en la nueva ciudad, sino en Dios, puedes esperar encontrártelo en todos los nuevos escenarios y se te presentará con una nueva oportunidad, una puerta que se abre, hojas en blanco para iniciar la escritura de una nuevo capítulo. Este es el momento para desaprender y aprehender; en algunos casos es más crítico que otros, pero siempre se cumple el hecho de que necesitas tener las manos vacías para tener cómo recibir.

“Pues estoy a punto de hacer algo nuevo. ¡Mira, ya he comenzado! ¿No lo ves? Haré un camino a través del desierto; crearé ríos en la tierra árida y baldía”. Isaías 43:19

2. Conoce lo nuevo y adáptate.
“El sueño americano” es conocido por hacer promesas de una “mejor vida”, dadas las condiciones y posibilidades que ofrecen los Estados Unidos de América. Es tan llamativa la invitación a adquirir “cosas”, que muchos hemos sucumbido y llenándonos de tarjetas de crédito, la deuda se convierte en el centro de nuestra vida, ya sea por guardar las apariencias, llenar vacíos, no tener una perspectiva clara del futuro o desconocer el plan de Dios a nivel financiero. “Usted sin deuda no es nadie” es lo que algunos recitan a los recién llegados, casi como dictaminándoles el resto de sus días. Es muy sencillo tener una tarjeta de crédito y también es supremamente sencillo quedar arruinado. Es por eso, que las familias emigrantes deben estar alertas de la letra pequeña de los contratos, las condiciones ofrecidas por los bancos y estar muy conscientes del costo real de sus transacciones porque definitivamente se verán comprometidos todos los integrantes de la familia y su libertad, supuestamente en el país de las posibilidades. Examina qué de tus costumbres financieras te ha dado resultado y ahora, observa en dónde estás “parado” y determina las nuevas exigencias y si lo que piensas que es correcto, aplica en tu nueva residencia. Algunas prácticas te servirán, algunas otras necesitarán ser renovadas y unas nuevas deberán ser incorporadas a tu sistema de vida. No te impongas a una nueva cultura; se vulnerable y permítete ser permeado por la nueva bendición de Dios presentada en otros términos. Debes innovar, reinventarte para poder sobrevivir. Esto me hace pensar en Josué y Caleb, quienes primero tuvieron que observar, para entonces recibir la tierra que Dios ya les había entregado.

“Examínalo todo, quédate con lo Bueno y rechazo todo lo malo, en este caso, ¡no te endeudes! Existe una ruta para la libertad financiera”.
1 Tesalonicenses 5:21-23