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UNA HOJA EN BLANCO

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Fui a una exposición de pintura de un grupo de personas novatas, cuya mayoría no había pintado antes. Al iniciar la exposición precedió el discurso de la alumna, del cual me llamó mucho la atención esta frase: “El iniciar con una hoja en blanco es intimidante, pero ver el trabajo terminado es apasionante”.

Me hizo pensar qué hubiera pasado si Dalí, Monet, Picasso, DaVinci o Rembrandt se hubiesen dejado intimidar ante la hoja en blanco, ¡qué enorme pérdida hubiese tenido la humanidad al privarse de disfrutar obras maestras!

El miedo tiene la capacidad de paralizarnos y privarnos de lograr resultados extraordinarios. ¿Podré salir de las deudas que tengo?, ¿podré hacer el viaje que tanto he querido?

Cada ¿podré? conlleva duda, intimidación, sensación similar a tener frente a nosotros el desafío de armar un rompecabezas de cinco mil piezas con la imagen de un bosque donde todos los colores verdes nos parecen iguales.

Todos estos cuestionamientos nos empujan, a decidir si tomaremos el pincel o dejaremos la hoja en blanco como la encontramos. Si decidimos actuar, necesitaremos tres elementos fundamentales:

• Fe. “La fe precede al milagro, no al revés”. En una hoja en blanco no hay nada, solamente la convicción de que podemos crear algo en ella. La fe ve posibilidades donde no hay nada aún, la fe tiene un poder creativo ilimitado, la fe es la esencia de Dios puesta en el ser humano. No hay un obstáculo lo suficientemente fuerte que pueda oponerse contra una persona con una fe inquebrantable. Cuando las situaciones adversas nos quieran hacer tirar el pincel, es cuando debemos recurrir a esa fe que es capaz de mover montañas.
• Esfuerzo. Seguro no será fácil llegar a conseguir la “obra maestra”, requerirá de muchas horas de arduo trabajo, sangre, sudor y lágrimas. Nunca faltará la persona que cuando estemos trazando las primeras líneas nos pregunte, con una expresión de enorme duda en su rostro, ¿cómo vas con tu cuadro? No debemos caer en la tentación de responder “mal”, “allí vamos”, “no muy quiere”, etc., mejor sustituyamos estas frases por: “más cerca que antes” y sigamos esforzadamente hacia adelante.
• Diligencia. La diligencia es la virtud que permite que tengamos constancia y estrategia. En el caso del pintor implica mejorar su técnica, buscar el consejo de maestros, calidad de sus materiales, entre muchos otros factores. Salomón, considerado el hombre más sabio y rico que ha habitado la tierra dijo: “Las manos del diligente ciertamente tienden hacia la abundancia”. No hay “obra maestra” sin diligencia.

¿Qué garantía tengo que haciendo todo lo anterior lograré los resultados que anhelo? Los mismos que los fundadores de empresas como Google, Facebook o Tesla cuando “tan solo” tenían esas ideas de negocio en sus cabezas: ninguna. Si algo fuera garantizado no requeriría de nosotros nada para realizarse, allí la dificultad y la oportunidad a la vez.

Es momento de salir de la zona de confort y trascender, toma tu hoja en blanco y empecemos.
César Tánchez / www.FinanzasIntegrales.com